Reserva Ecologica Cacatachi Frente al Cambio Climatico (RECFRECC)

Pages

domingo, 17 de mayo de 2020

El factor ambiental en la propagación del Covid-19



Coronavirus: por qué la destrucción ambiental fue clave para su expansión

Fecha de Publicación
: 19/03/2020
Fuente: Minuto Uno
País/Región: Internacional


La deforestación genera desequilibrios en el ecosistema. Los virus adquieren nuevas cepas y los animales entran en contacto con las poblaciones humanas. La urbanización, el cambio climático y la segmentación de los bosques alimentan este proceso.
La pandemia del coronavirus muestra la capacidad del ser humano para crear desequilibrios en el ecosistema que luego repercuten en la salud, la economía y la libertad en tiempos de globalización.
El Covid-19 es fruto del despiadado comercio ilegal de fauna silvestre en China, con cientos de animales maltratados en los “mercados húmedos”. Pero su explicación es mucho más compleja: tiene sus bases en la deforestación del sudeste asiático desde hace más de 30 años; el aumento de la población y las consecuentes urbanizaciones sin planificación; la segmentación de los bosques; la creación de rutas y el calentamiento global que hace a los virus más resistentes.
Cuando el ser humano arrasa con un bosque nativo genera un desequilibrio dentro de ese sistema. Donde había árboles habrá agua estancada (lo que favorece la propagación de nuevos mosquitos, por ejemplo) y donde habían hábitats naturales habrán asentamientos humanos o monocultivos. Por esto, los animales comenzarán a migrar, se mezclarán con otras especies o buscarán refugios en las construcciones humanas.
"El Covid-19, al igual que en el SARS del 2002, dio el salto del murciélago al ser humano. Los murciélagos, de los que existen 1.300 especies, son el grupo de mamíferos que alojan un mayor número de coronavirus. Representan el 20% de todos los mamíferos y son reservorios de virus", contó Jordi Serra-Cobo, biólogo del departamento de Biologia Evolutiva, Ecologia i Ciències Ambientals y del Institut de Recerca de la Biodiversitat (Irbio) de la Universitat de Barcelona (UB), en una entrevista con elperiodico.com. “Cuando destruimos masa forestal es para poner en su lugar asentamientos humanos. Y una parte de la fauna salvaje que estaba allí pasa a alojarse en estos ambientes”, agregó.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) viene alertando sobre el avance las nuevas enfermedades zoonóticas, causadas por este entramado complejo que incluye la destrucción de los bosques. Las selvas son la barrera que tiene el ser humano para evitar el contacto con la fauna silvestre. Pero estos espacios verdes están desapareciendo.
"El 60% de las enfermedades humanas infecciosas conocidas son de origen animal (animales domésticos o salvajes), al igual que un 75% de enfermedades humanas emergentes", alerta este organismo en un informe sobre salud del ecosistema.
En 2019, en el Amazonas se registraron más de 80.000 incendios y se perdieron 9.762 kilómetros cuadrados de selva tropical, el índice más alto de la historia, indicó el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe) de Brasil. Indonesia, por su parte, perdió la cuarta parte de sus bosques por la plantación de aceite de palma, usado para cosméticos, biodiesel y comestibles. En estos bosques, los orangutanes se quedan sin su lugar, mueren bajo las topadoras, o se van hacia otros territorios donde se enfrentan a grupos de su especie que defienden su terreno.
Las infecciones Mers, el SARS, o ébola (cuyo último brote acaba de ser erradicado en el Congo tras 2300 muertes en un año y medio) y otras en Argentina, como el dengue o la fiebre amarilla, también son producto de la mirada extractivista y sin ética del ser humano sobre el resto del planeta.
"Los cambios en las condiciones climáticas que han ocurrido desde 1950 facilitan la transmisión del virus del dengue a través de los mosquitos Aedes, así como el incremento del riesgo de contraer la enfermedad. La incidencia mundial del dengue se ha multiplicado drásticamente en las últimas décadas, y el riesgo de infección afecta a aproximadamente la mitad de la población mundial", señaló el secretario general de Naciones Unidas Antonio Guterres en una nota titulada "El cambio climático es más mortal que el coronavirus" que es portada de la web del Organismo.
Para evitar el colapso, la OMS propone el concepto One health (Una sola salud), que relaciona la salud ambiental con la animal y la humana. Si el mundo se enferma, los humanos, que forman parte de él, también.
Lograr esta interdisciplinariedad es uno de los mayores desafíos de la época del “antropoceno”, marcada por la destrucción acelerada del planeta a causa a las acciones del hombre.

Increíble: subió el de CO2 en la atmósfera pese a la pandemia


La concentración de CO2 en la atmósfera sigue en aumento pese a la pandemia

Fecha de Publicación
: 14/05/2020
Fuente: La Vanguardia (España)
País/Región: Internacional


En las últimas semanas, diversos informes han dado cuenta de las mejoras en la calidad del aire a consecuencia de la pandemia y de la reducción de actividades para hacer frente al coronavirus. Sin embargo,nadie debería pensar que la crisis climática ha terminado; ni mucho menos.
Los datos más recientes de la Asociación Nacional Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos (NOAA) muestran que los niveles mundiales de dióxido de carbono (CO2) aumentan bruscamente en la atmósfera.
Emitimos menos gases de efecto invernado en el transporte y en la industria; pero seguimos arrojando demasiados gases al quemar combustibles fósiles para producir electricidad. Y por otra parte los incendios forestales acaban de inclinar negativamente la balanza.

La concentración promedio de CO2 en la atmósfera fue de 416,21 partes por millón
En abril de 2020, la concentración promedio de CO2 en la atmósfera fue de 416,21 partes por millón (ppm), la más alta desde que comenzaron las mediciones en Hawai en 1958.
El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) informa sobre un fuerte aumento en las concentraciones de CO2 de más de 100 ppm desde marzo de 1958.
Sin embargo, debido a las emisiones de CO2 originadas por el hombre en sus diversas actividades humanas (quema de combustibles fósiles, pero también las derivadas de las emisiones de los residuos y demás…) las concentraciones de CO2 no sólo aumentan, sino que también se aceleran.
Usando registros de núcleos de hielo, es posible medir el CO2 atrapado en el hielo antártico profundo desde hace 800,000 años. Y nunca en los últimos 800.000 años alcanzamos 416 ppm.
Ningún individuo de nuestra especie ha experimentado niveles tan altos de CO2.
Dado que el Homo sapiens apareció hace unos 300.000 años, y el primer rastro de Homo sapiens sapiens (los humanos anatómicamente modernos) data de hace 196.000 años, ningún individuo de nuestra especie ha experimentado niveles tan altos de CO2.
“Todo esto es motivo de una gran preocupación para nuestro clima, y demuestra, una vez más, que se necesitan medidas urgentes para reducir nuestras emisiones de gases de efecto invernadero. Para detener el aumento del calentamiento global promedio a 1.5 ° C (respecto a las temperaturas de la época preindusitrial) necesitamos alcanzar cero emisiones netas para 2040 (2055 a más tardar)”, dice Pascal Peduzzi, director de PNUMA / GRID-Ginebra y gerente de programa de la Sala de Situación del Medio Ambiente Mundial.

El 64%de la producción eléctrica procede de energías fósiles
Estos resultados pueden sorprender a quienes asumen con optimismo que Covid-19 reducirá las emisiones mundiales totales.
Si bien es cierto que el tráfico de los vehículos y de los aviones, así como la actividad industrial, se han reducido drásticamente en la mayoría de las partes del mundo desde enero de 2020, el suministro eléctrico se produce en gran medida con combustible fósiles. El 64% procede de esta energía fósiles: carbón, el 38%; gas, el 23%, y petróleo, 3%), según World Energy Outlook 2019.
Los sistemas de calefacción han estado funcionando como antes la aparición de la Covid-19. No se han dado transformaciones trascendentales en este período (como el cambio a las energías renovables, el transporte público, la deforestación).

El cambio exige modificar el modelo energético
Los incendios forestales están incrementando la probabilidad y la gravedad de los sucesos debidos al cambio climático, sobre todo en Brasil, Honduras, Myanmar, Tailandia y Venezuela, y cada incendios emite grandes cantidades de CO2 adicional.
“Sin cambios fundamentales en la producción mundial de energía, no deberíamos tener razones para esperar una reducción duradera de las emisiones”, dice el experto en cambio climático del PNUMA, Niklas Hagelberg.
“En cambio, Covid-19 nos brinda la oportunidad de hacer un balance de los riesgos que estamos asumiendo en nuestra relación insostenible con nuestro medio ambiente y aprovechar la oportunidad de reconstruir nuestras economías de maneras más responsables con el medio ambiente”, dice este experto.

Retrocesos en el avance de la transición energética





El mundo avanza en transición energética pero la COVID-19 puede ponerle freno
Fecha de Publicación: 16/05/2020Fuente: Agencia EFEPaís/Región: Internacional


La mayoría de países, entre ellos España, están avanzando hacia una energía más limpia, según el Índice de Transición Energética 2020 (ETI, publicado  por el Foro Económico Mundial (FEM), que advierte sin embargo que los progresos se están frenando y que la COVID-19 puede provocar un retroceso.El informe clasifica a 115 economías según su capacidad de equilibrar su seguridad energética con la sostenibilidad ambiental, y está nuevamente liderado por Suecia, seguido de Suiza y Finlandia.España se sitúa en el puesto 24 del ETI, con una puntuación de 63%, y el país latinoamericano más avanzado en la clasificación es Uruguay, en el puesto 11, al que siguen Colombia, en el 25, Costa Rica, en el 27, y Chile, en el 29.
Transición energéticaLa mayoría de países (94 de los 115), han progresado hacia las energías limpias desde 2015, asegura el FEM, pero alerta de que la pandemia del coronavirus y las alteraciones sin precedentes está provocando pondrán en peligro la transición a las energías limpias si los países no actúan con urgencia.Esta situación, afirma en un comunicado, “han desestabilizado el sistema energético global, lo que conlleva posibles retrocesos a corto plazo”.
Incertidumbre económicaLa incertidumbre económica generada, alerta, podría también llevar a que el peso en la economía de los hogares de las facturas de servicios energéticos aumenten en el futuro próximo.El descenso en la demanda de energía y la volatilidad en los precios son algunos de los riesgos para el progreso en la transición energética, señala el documento, que insta a los países a utilizar la crisis para reevaluar cómo producen, suministran y consumen energía, e incorporar cambios que ayuden al medioambiente.
Paquetes de ayudasUna de las sugerencias del organismo es que los paquetes de ayuda a la recuperación económica tengan en cuenta estrategias a largo plazo y sirvan para impulsar la transición a energías limpias y la adopción de sistemas energéticos inclusivos y sostenibles.El coronavirus “ofrece la oportunidad de plantearse una intervención poco ortodoxa en los mercados energéticos y una colaboración global para apoyar una recuperación que acelere la transición energética”, afirma Roberto Bocca, responsable de Energía y Materiales del Foro Económico Mundial.
Energía diversificada y seguraEste, recalca, es el momento de poner en marcha estrategias que lleven hacia “un sistema energético diversificado, seguro y fiable que, en última instancia, servirá para ayudar al crecimiento futuro de la economía mundial de forma sostenible y equitativa”.Si bien un 75% de los países estudiados ha mejorado sus indicadores de sostenibilidad ambiental en los últimos cinco años, el FEM considera que los avances no son suficientes y resalta que precisamente la sostenibilidad es el indicador estudiado que menos progresa.
Subsidios energéticosEl índice ETI, mide, entre otras cuestiones, la limitación de los subsidios energéticos, la reducción de la dependencia de las importaciones, el aumento de los compromisos políticos para conseguir objetivos ambiciosos de transición energética y cambio climático, la inversión en energías limpias, innovación e infraestructuras y eficiencia energética, la eliminación gradual del carbón y la descarbonización de la industria.La calificación para países como EEUU, Canadá, Brasil y Australia se ha quedado estancada o ha descendido, en el primero de los casos sobre todo por su política medioambiental y en los otros por el papel del sector energético en sus economías.
Entre los países con mejoras anuales consistentes, el ETI destaca a Argentina (puesto 56), China (78), India (74) e Italia (26), mientras que entre los que descienden en su posición están Chile (29), Canadá, Líbano (114), Malasia (38), Nigeria (113) o Turquía (67).